Serie «De la skill al conector» ·
Artículo 1 de 3. Aquí desmontamos la confusión de base.
En el artículo 2 veremos por qué la API oficial de mi programa tampoco servía, y en el artículo 3, cómo se construyó todo sin escribir una línea de código.
Escribí una skill para que la IA manejara NominaSOL, el programa de nóminas que usan miles de despachos como el mío. La escribí entera, con el ciclo del mes mapeado pestaña a pestaña.
Y no funcionó.
No estaba mal escrita: era la herramienta equivocada. Esa confusión me costó seis meses, y te la voy a ahorrar.
Índice
1. Empecemos por el principio: de qué va esto exactamente
Antes de nada, déjame situarte.
Porque si empiezo directamente con lo técnico, te pierdo en el tercer párrafo y no te culpo.
Yo soy graduado social.
Llevo un despacho de laboral puro: nóminas, contratos, seguros sociales, despidos, prestaciones de Seguridad Social.
Ni fiscal, ni contable.
Solo laboral.
Y como cualquiera que hace esto, tengo un programa de gestión.
El mío es NominaSOL, de Software DELSOL —la empresa de Mengíbar, Jaén, que en 2021 compró el grupo italiano TeamSystem y que hoy es TeamSystem Delsol—.
Ahí dentro está todo.
Y cuando digo todo, es todo: las empresas, sus trabajadores, los contratos, los recibos de salarios de los últimos catorce años, las bases de cotización, los acumulados, las incapacidades temporales.
Es, literalmente, la memoria de mi despacho.
Ahora la otra pieza.
Desde hace un tiempo trabajo a diario con inteligencia artificial.
No para escribir correos bonitos: para trabajo real, con fuentes oficiales conectadas y método propio.
Y en algún momento, inevitablemente, aparece la pregunta:
¿Y por qué estas dos cosas no se hablan?
Tengo una herramienta que razona muy bien.
Tengo una base de datos con catorce años de vida laboral de cientos de personas.
Y están en el mismo ordenador, a treinta centímetros la una de la otra, sin dirigirse la palabra.
De eso va esta serie.
De cómo he conseguido que se hablen.
Sin ser informático.
Sin escribir una línea de código.
Y hoy, en esta primera entrega, vamos a lo más importante de las tres: la confusión de base.
La que me costó varios meses y la que probablemente estés teniendo tú ahora mismo.
2. La pared invisible: por qué tu IA no puede tocar tu programa
Vamos con algo básico que casi nadie te explica, y que explica el 90 % de la frustración que la gente siente con la IA.
Cuando tú abres una conversación con una IA, estás en una habitación cerrada.
Dentro de esa habitación hay muchísimo conocimiento: lo que aprendió durante su entrenamiento, y lo que tú le pegues en el chat.
Pero la habitación tiene las paredes lisas.
No hay puertas.
La IA no puede salir a mirar tus archivos.
No puede abrir tu programa.
No puede consultar tu base de datos.
No puede entrar en el BOE.
No puede hacer absolutamente nada que ocurra fuera de esa conversación.
Por eso pasa lo que pasa.
Le preguntas por el convenio de tu cliente y te contesta algo que suena bien y no es.
Le pides que revise una nómina y te pide que se la pegues.
Le dices «mira en mi carpeta» y te dice que no puede.
No es que sea tonta.
Es que está encerrada.
Y aquí viene la idea que lo cambia todo: a esa habitación se le pueden abrir puertas.
Cada puerta se llama conector.
Y cada conector la comunica con un sitio concreto del mundo real: una base de datos, un programa instalado, una web, tu correo, tu agenda, el BOE.
Una IA sin conectores es un consultor brillantísimo al que has encerrado en un despacho sin teléfono, sin internet y sin archivo.
Una IA con conectores es ese mismo consultor con acceso a tu documentación.
La diferencia de resultado no es del 10 %.
Es de otro planeta.
Y ahora sí, empieza la historia.
3. El mensaje que me devolvió a una carpeta olvidada
Hace unos días alguien me comentó, así de pasada, que estaba montando una skill para NominaSOL.
Y se me encendió una luz.
Porque yo eso lo había intentado.
Hace meses.
Y se me había quedado en agua de borrajas.
Fui a buscar la carpeta.
Ahí estaba: una skill escrita con toda la ilusión del mundo, con sus pasos, sus reglas, su estructura, sus casos.
Impecable sobre el papel.
Y absolutamente inútil.
La miré con los ojos de hoy —que no son los de entonces— y en treinta segundos vi lo que en su momento no supe ver.
Ya sabrás, y si no lo sabes te lo voy a contar ahora, que el problema no era la skill.
El problema es que yo no sabía para qué sirve una skill.
Y como esa confusión es exactamente la que tiene ahora mismo mucha gente —incluida la persona que me escribió—, vamos a desmontarla con calma.
Porque son seis meses de tu vida los que te juegas ahí.
Aunque te adelanto una cosa, para que no sufras: esa skill no estaba tirada a la basura.
Acabó teniendo un final que no me esperaba, y te lo cuento en el segundo artículo de la serie.
4. Por qué fracasó mi primer intento
Reconstruyamos la escena, que es muy reconocible.
Yo empecé a ver de lo que era capaz la IA y pensé lo que piensa cualquiera: «si esto es tan potente, cómo mola que trabaje con mi programa de nóminas».
Así que hice lo que había aprendido a hacer: escribir una skill.
Y la escribí bien, ojo.
Con un detalle casi obsesivo.
Le expliqué el ciclo completo del mes.
Qué pestaña, qué grupo, qué icono.
Cómo se prepara un finiquito.
Qué hay que revisar antes de calcular.
Qué mirar en un contrato.
Dónde suelen estar los errores.
Todo mi oficio, ordenado y por escrito.
Y no pasó nada.
Nada de nada.
Porque la skill le explicaba a la IA cómo debía trabajar, pero la IA seguía sin poder tocar el programa.
Le había dado el manual de instrucciones de una máquina a la que no tenía acceso.
Es como darle a alguien el protocolo completo de una operación de rodilla, con su checklist y su orden de pasos, y no darle el quirófano.
Puede recitarlo perfecto.
No puede operar.
5. Skill o conector: la distinción que lo cambia todo
Esta es la parte por la que merece la pena seguir esta serie. Si trabajas en Derecho y ya has entendido que la IA viene a potenciarte, no a sustituirte, esto es justo lo que necesitas tener claro.
Y de paso te invito a suscribirte a la web, para no perderte nada de lo que publico.
Si no lees nada más, lee esto y el epígrafe siguiente.
La skill es el MÉTODO
Una skill es un procedimiento escrito que le dice a la IA cómo hacer algo: en qué orden, con qué criterios, en qué formato, qué comprobar siempre y qué no hacer nunca.
Es tu criterio profesional convertido en instrucciones.
¿Para qué sirve?
Para que redacte un documento siempre igual.
Para que aplique tu estilo.
Para que siga tu checklist.
Para que enfoque un caso como tú lo enfocas.
Para que verifique antes de afirmar.
La skill es cerebro.
No es manos.
¿Ejemplos de tu propia mesa?
Una demanda, una hoja de encargo, un escrito de alegaciones: el esqueleto es siempre el mismo y solo cambian los datos del caso.
Eso es una skill.
El conector es la CAPACIDAD
Un conector —o MCP, que son las siglas del estándar que los hace posibles— le da a la IA acceso real a un sistema que existe fuera de la conversación.
Y ojo con el matiz, porque es más fino de lo que parece: una skill explica cómo hacer algo; un conector lo hace.
El conector es manos.
No es cerebro.
¿Ejemplos?
Operar tu programa de nóminas, buscar una sentencia en el CENDOJ, leer una base de datos externa. Todo eso es tocar algo que vive fuera de la conversación.
Eso es un conector.
La regla
Escríbela en un post-it y pégala en la pantalla:
Si necesitas que la IA piense de una manera concreta → skill.
Si necesitas que la IA toque algo que existe fuera de la conversación → conector.
Mi error fue de manual: yo quería que tocara mi programa de nóminas.
Eso es un conector.
Y yo estaba escribiendo una skill.
Por eso no funcionó.
No porque estuviera mal escrita.
Porque era la herramienta equivocada para el problema.
Mi skill decía «para calcular nóminas ve a Procesos y pulsa Cálculo».
Correcto.
Útil como mapa.
Pero no daba la posibilidad de leer la base de datos, ni de comprobar que el resultado cuadra, ni de negarse si la empresa abierta no es la correcta.
El error no fue escribirla.
Fue pedirle a un mapa que condujera el coche.
6. No compiten: se necesitan
Y aquí es donde casi todo el mundo se lía, así que para un segundo.
No es skill CONTRA conector. No es cuál es mejor. Hacen cosas distintas.
La skill pone el criterio: cómo se redacta, qué se comprueba, cómo enfocas TÚ un caso.
El conector pone el acceso: entra en el programa, lee el dato real, opera.
Y lo verdaderamente potente aparece cuando juntas las dos: el conector trae el dato de verdad y ejecuta; la skill decide qué hacer con él según tu criterio profesional.
Sin conector, la skill recita de memoria.
Sin skill, el conector es un almacén de datos sin dirección.
Déjame enseñártelo con algo que me pasó de verdad, porque resume para qué sirve el conector.
El mío, antes de escribir nada, comprueba qué empresa está abierta en el programa y se planta si no es la que le he pedido.
Un día la empresa abierta había cambiado sola a otro cliente; sin esa comprobación, un descuido habría escrito datos en el expediente equivocado, con datos personales de terceros de por medio.
Un papel con instrucciones no te protege de eso. Una comprobación que actúa sola, sí. Y eso solo lo pone el conector.
La skill es buena para lo que no se puede automatizar: criterio, estilo, forma de redactar, cómo enfocar un caso. El conector es lo que hace falta para operar un programa y tocar datos reales sin equivocarte. Ni una sustituye a la otra: se necesitan.
7. Cómo saber cuál necesitas tú
Vale, JMAI. ¿Y yo cómo lo sé?
Con tres preguntas.
Contéstalas sobre lo que tengas ahora mismo en la cabeza.
¿Lo que quieres ocurre dentro o fuera de la conversación?
Si el resultado es texto —un escrito, un análisis, un correo, una estrategia—, ocurre dentro. Skill.
Si el resultado es que algo cambie en un sitio —un dato consultado, un informe generado, un registro creado—, ocurre fuera. Conector.
¿El trabajo termina en un texto que tú revisas y firmas?
Un escrito, un análisis, una hoja de encargo, un correo: se produce dentro de la conversación y sale con tu criterio, igual de bien cada vez. Skill.
¿Hace falta entrar en otro programa o base de datos y leer, buscar u operar allí?
Consultar tu programa de nóminas, sacar una sentencia del CENDOJ, escribir en un registro externo: eso es tocar algo que vive fuera. Conector.
Y una regla práctica que te ahorra tiempo: empieza siempre por la skill.
Es más barata, más rápida de escribir y muchas veces resuelve.
Solo cuando choques con la pared de «esto necesita tocar algo», entonces toca conector.
Yo hice justo lo contrario de lo que debía: escribí una skill para un problema que era de conector, me choqué, y en vez de cambiar de herramienta DEJÉ DE LADO la skill.
Dije: al carajo!!!
8. Hacia dónde vamos
Recapitulando lo que quiero que te lleves de este primer artículo:
Una skill explica cómo hacer algo.
Un conector lo hace.
Método → skill.
Acceso → conector.
Y lo bueno de verdad, las dos juntas.
La skill pone el criterio y produce el texto; el conector da el acceso a lo que vive fuera —tu programa, una base de datos, el CENDOJ— y opera allí. Juntas hacen el trabajo completo: una piensa, la otra toca.
Ahora bien.
Ya sabía que necesitaba un conector.
La pregunta era si se podía construir.
Y ahí empezó la parte interesante, porque me llevé dos sorpresas seguidas.
La primera: mi programa sí tenía API oficial, cosa que yo daba por imposible.
La segunda, mucho peor: aun así no me servía de nada.
Y la razón me obligó a entender una segunda distinción, más profunda que la de hoy, que se llama dato o proceso.
De eso va la siguiente entrega.
Y te aviso de que ahí está el dato que más me impresionó de todo el proyecto: cuántas veces aparece la palabra «nómina» en la documentación técnica de un programa de nóminas.
Ahora te toca a ti
Tres preguntas, y me las contestas abajo:
¿Qué programa usas todos los días que no habla con nada?
Lo que tienes en la cabeza ahora mismo, ¿es una skill o es un conector?
¿Tienes por ahí alguna skill que escribiste con ilusión y no funcionó?
Si has dudado en la segunda, vuelve al epígrafe 5.
Es el que me habría hecho ganar 3 o 4 meses.
Y si conoces a alguien que está escribiendo una skill para que la IA maneje un programa, mándale esto antes de que se le quede en agua de borrajas como se me quedó a mí.
Que no la tire, sobre todo.
Ya verás por qué en la segunda parte.
Y esa es la primera pieza que quiero que te lleves: saber si lo que necesitas es la herramienta o la puerta.
Distinguirlo a tiempo es lo que me habría ahorrado los seis meses que me comí yo.
Si quieres aprender a hacer esa distinción con TUS propios programas —y a usar la IA en el despacho de verdad, no de oídas—, esto es lo que hago:




